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jueves, 25 de enero de 2024

JOSE MATIAS ZAPIOLA. Aproximación al término sepulcro.

JOSE MATIAS ZAPIOLA. Aproximación al término sepulcro.

Fotos personales tomadas el 30 de diciembre de 2023.
El tiempo muchas veces solo nos deja unas pocas palabras como para reconstruir un relato. Aquí solo nos queda: "SEPULCRO de la familia del General..." Según nos informa del Guía de Turismo del Cementerio de la Recoleta, SERGIO CAPURSO, este fue el primer lugar de sepultura de este miliar ante que sus restos fueran trasladados al Convento de Santo Domingo, donde descansan actualmente. Por la separación de la palabra sepulcro sospecha que allí, en otros tiempos y allá lejos, hubo una cruz. Sucesivas intentos de restauración han oculatado del nombre de este General y tampoco nos quedan los días, meses y años.
Nunca está de más volver sobre el vocabulario funerario que utilizamos al analizar los monumentos funerarios. La palabra SEPULCRO tiene origen en el latín: sepulcrum y que señala una obra levantada en el suelo o escavada en un monte para dar en ella sepultura a los restos de una o más personas. En la Biblia se describen algunos enterramientos que eran simple tumbas escavadas en la tierra pero relacionadas con algunos árboles u otro elemento que le daba al lugar un cierto sentido especial. Las lápidas que se colocaban, en el contexto de culturas antiguas, tenían como finalidad advertir a los caminantes de no pisar ese lugar por temor a ideas de pureza ritual ya que se consideraba el manipular un cadáver como un acto impuro. Cada año esas lápidas o sepulcros eran pintados de blanco para resaltar la advertencia y de allí la expresión del Evangelio de los “sepulcros blanqueados” a los que Jesús se refiere en el texto de Mateo 23, 27.
RECURSO.
José Matías Zapiola (Buenos Aires, 22 de marzo de 17801​—íd., 27 de junio de 1874) fue un marino, militar y político argentino que participó en la guerra de independencia. Fue comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo en la batalla de Chacabuco.
Biografía
José Matías fue hijo de Manuel Joaquín de Zapiola, un oficial de marina español que acompañó la expedición de Pedro de Ceballos al Río de la Plata, y de María Encarnación de Lezica y Alquiza.
Fue enviado a España para instruirse en la marina española; egresó de la Escuela Naval en 1796 y le asignaron tareas navales. Hacia 1805 lo destinaron a la guarnición naval de Montevideo, y de allí pasó a Buenos Aires, donde luchó en 1807 en la defensa contra las invasiones inglesas.
En 1810 era jefe del Puerto de Buenos Aires; apoyó la Revolución de Mayo y fue dado de baja de la Armada Española. De regreso en Montevideo, fue arrestado y enviado de regreso a España. Al llegar a Cádiz se unió a la logia de esa ciudad y acompañó a José de San Martín y Carlos María de Alvear a Londres. De allí regresó a Buenos Aires en 1812 en la fragata "George Canning", junto con San Martín y Alvear.
Cuando llegaron, en 1812, Zapiola se presentó de inmediato, junto con ellos, ante el Primer Triunvirato. También colaboró para establecer la Logia Lautaro, de la cual fue el primer secretario. Ayudó a San Martín a formar el Regimiento de Granaderos a Caballo, y fue el jefe del primer batallón de esta unidad.
En 1814 pasó al sitio de Montevideo, a órdenes de Alvear, y participó en la última etapa de este, hasta la caída de la ciudad. Tras esto, quedó como segundo jefe de la guarnición en esa ciudad; al año siguiente hizo, con Manuel Dorrego, una campaña contra Artigas. No llegó a tiempo a salvar a Dorrego de la derrota de Guayabos, que significó la pérdida de la Banda Oriental para el Directorio.
Quedó al mando del Regimiento de Granaderos y lo llevó a Mendoza, con lo cual reforzó el Ejército de los Andes. Cruzó la cordillera con San Martín, y peleó en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. En esta última batalla tuvo una actuación descollante, dirigiendo la mitad de la caballería patriota. Fue el comandante de la primera fase de la Segunda campaña al sur de Chile, después de Marcos Balcarce, y tomó la ciudad de Chillán por asalto. Fue ascendido a general.
En junio de 1819 regresó a Buenos Aires y se reincorporó a la marina. Después de la muerte de su anterior jefe, Ángel Hubac, fue el comandante de la escuadra fluvial de Buenos Aires, y participó de la guerra contra Santa Fe y Entre Ríos, en los años 1820 y 1821.
Pidió y obtuvo la baja de la marina en 1822, y se convirtió en estanciero gracias a la enfiteusis ideada por el ministro Bernardino Rivadavia. Organizó la flota que serviría en la guerra contra el Brasil, pero no llegó a embarcarse; le pasó el mando a Guillermo Brown.
Después de la revolución de Juan Lavalle en 1828, fue jefe del Departamento de Marina, pero en 1829, al final de su gobierno, se retiró de la vida pública para dedicarse a las actividades rurales; permaneció en esta situación hasta después de la caída de Rosas en Caseros en 1852. Ese año regresó al servicio activo como comandante de marina y fue ministro de Guerra y de Marina en el gabinete del gobernador Valentín Alsina de Buenos Aires. No intentó resistir el bloqueo impuesto por Justo José de Urquiza a la ciudad a principios de 1853, que finalmente terminó con una victoria, resultado de un soborno masivo.
En 1852 fue nombrado comandante general de Marina y capitán del Puerto. Permaneció en distintos cargos públicos hasta la derrota de Cepeda y la renuncia de Alsina, y se retiró definitivamente en 1859. Bartolomé Mitre lo entrevistó muchas veces para lograr datos de primera mano respecto de la historia de la campaña de Chile y de la vida de San Martín. En especial — gracias a haber alcanzado una edad avanzada — fue el único testigo que dejó datos precisos sobre la Logia Lautaro, sus miembros y sus intenciones.
Falleció el 27 de junio de 1874 en Buenos Aires y sus restos descansan en el Convento de Santo Domingo. Había casado en 1815 con María Belén Álvarez de Baragaña Núñez, con quien tuvo 9 hijos.




domingo, 10 de diciembre de 2023

FAMILIA TRILLO. La mentalidad funeraria de la primera etapa.

FAMILIA TRILLO. La mentalidad funeraria de la primera etapa.

Foto personal tomada el 11 de noviembre de 2023.
La austeridad de este monumento funerario es un espejo de la arquitectura colonial que impero en la ciudad de Buenos Aires hasta bien entrado el siglo XIX. La imagen que aquí vemos revela una mentalidad con relación a la memoria de los familiares fallecidos de una gran simplicidad y sin elementos dramáticos. Es una continuidad estética con la viviendo en la que vivieron toda su vida. No hay ruptura sino continuidad. El elemento significativo es la pequeña cruz que vemos en la parte superior del frentge que desde el cruce de los brazos irradia unos rayos para enfatizar el tema de la divinidad y la iluminación. Debajo vemos la inscripción que dice: "SEPULCRO DE LA FAMILIA DE TRILLO". Eso es todo. El trabajo de herreria de la puerta es digno de destacar. Es importante señalar que el objetivo de todo trabajo de restauración es el de restituir a toda obra el estado inicial de la misma evitando agregados o modificaciones que alteren esa identidad. 


domingo, 12 de noviembre de 2023

JUAN ORTIZ DE ZÁRATE. Sepulcro y antorcha que vence las tinieblas.

JUAN ORTIZ DE ZÁRATE. Sepulcro y antorcha que vence las tinieblas.

Fotos personales tomadas el 11 de noviembre de 2023
Este escondido y humilde sepulcro no lo había registrado en mis sucesivas visitas. Si bien tenía noticias de su existencia nunca me había fijado en él. En la lápide dice: "Sepulcro de JUAN DE ORTIZ DE ZÁRATE y de su familia. Q.P.D. Años de 1843". Los datos que he encontrado de esta personalidad como parte del proceso conquistador me deja muchas interrogantes sobre la forma en que sus restos llegaron a la Recfoleta ya que, el supuesto Juan de Ortiz de Zárate falleció en Asunción a fines del siglo XVI. Me falta poder relacionar este supulcro con el relato de vida de esta personalidad. Es interesante destacar que en el vallado que rodea de hierro podemos ver una ANTORCHA INVERTIDA para confirmar que aún en las tinieblas de la muerte la luz de la vida sigue iluminando.
RECURSO.
Ortiz de Zárate, Juan. Orduña (Vizcaya), 1522 – Asunción (Paraguay), 1577. Conquistador, encomendero, rico hacendado, adelantado, capitán general y gobernador del Río de la Plata.
Hijo de Lope Ortiz de Mendieta, capitán de Caballería y alcalde alguacil del Santo Oficio de la Inquisición; su madre fue Lucía Martínez Usquiano. Además de Juan, tuvieron otros tres hijos varones: Lope, Diego y Pedro. Gracias al apoyo de un pariente, Diego de Zárate, contador de la Casa de Contratación, no fue difícil para los cuatro hermanos obtener en diferentes años el pase a las Indias.
A los catorce años, Juan Ortiz de Zárate asistió a la fundación de Lima y estuvo presente en el apresamiento de los jefes incas; intervino también en la batalla de las Salinas, en 1538, como partidario de Diego de Almagro.
Juan Ortiz de Zárate sintió también la atracción por la conquista de tierras de los chunchos, por sus presuntas riquezas. La tierra de los chunchos estaba en la región del río Beni, junto con los capitanes Pedro Anzures y Pedro de Candia. Ese anhelo lo llevó hasta la tierra de Tucumán.
Nunca se aclaró cuál fue su verdadera intervención en el asesinato de Francisco Pizarro, porque en el momento del ataque se hallaba en una de las salas de la casa, pero como era también corriente entre los conquistadores el cambio de partidos, en 1542 formó en las filas de Diego de Almagro el Mozo, en la batalla de Chupas; sin embargo, rápidamente volvió a las filas pizarristas a las que había combatido y que eran las que representaban en ese momento la lealtad a la Corona cuando llegó el primer virrey Blasco Núñez de Vela, que venía con el principal propósito de llevar a la práctica las Nuevas Leyes.
En Charcas alzó bandera por el Rey, hecho que le llevó muy cerca de la muerte a que fuera condenado. Pudo librarse en última instancia de la muerte, pero perdió un brazo en un combate. En adelante sería conocido como el manco, y recibió la mitad de una encomienda en Tarija.
Si su señuelo primordial era la fortuna, Juan no sólo alcanzó cuantiosos bienes materiales, sino también prestigio y fama, lo cual lo hacía merecedor de un privilegiado destino dentro de la estructura virreinal.
Había llegado el momento del prestigio de Ortiz de Zárate con el nombramiento de éste a una categoría destacada. Había alcanzado la fortuna, como uno de los objetivos y llegó el momento en que sus aspiraciones fueron plenamente colmadas. No era sólo propietario de la casa más importante de La Plata, sino también de tierras en Tucsupaya con “obraje”, o sea, una fábrica de lana; con una chacra llamada Sequincha y varias “cuadras”, es decir, extensiones de terreno situadas en las tierras de Chuquisaca. Sus bienes se hallaban también en Porco (Potosí), donde tenía tres casas.
Pero seguramente el más rentable de sus bienes eran sus encomiendas de 1000 pesos al año; en Yamparáez y Charcas, aledañas a La Plata y una de indios “tomatas” en Tarija. Todas esas propiedades le permitieron, por ejemplo, dar al virrey de Lima 60.000 pesos de oro. La mina la “Mendieta” fue la parte que Ortiz de Zárate puso en la sociedad que firmó con Francisco Lobato, dueño de la veta San Francisco, de rendimiento equivalente (
Fotos personales tomadas el 11 de noviembre de 2023
Este escondido y humilde sepulcro no lo había registrado en mis sucesivas visitas. Si bien tenía noticias de su existencia nunca me había fijado en él. En la lápide dice: "Sepulcro de JUAN DE ORTIZ DE ZÁRATE y de su familia. Q.P.D. Años de 1843". Los datos que he encontrado de esta personalidad como parte del proceso conquistador me deja muchas interrogantes sobre la forma en que sus restos llegaron a la Recfoleta ya que, el supuesto Juan de Ortiz de Zárate falleció en Asunción a fines del siglo XVI. Me falta poder relacionar este supulcro con el relato de vida de esta personalidad. Es interesante destacar que en el vallado que rodea de hierro podemos ver una ANTORCHA INVERTIDA para confirmar que aún en las tinieblas de la muerte la luz de la vida sigue iluminando. He encontrado diferencias en las fechas y lugar de nacimiento. En algunas genealogias indican que Juan Ortiz de Zárate nacio en el año de 1511 en Bilbao y falleció en 1576 en Asunción del Paraguay a los 65 años de edad. 
RECURSO.
Ortiz de Zárate, Juan. Orduña (Vizcaya), 1522 – Asunción (Paraguay), 1577. Conquistador, encomendero, rico hacendado, adelantado, capitán general y gobernador del Río de la Plata.
Hijo de Lope Ortiz de Mendieta, capitán de Caballería y alcalde alguacil del Santo Oficio de la Inquisición; su madre fue Lucía Martínez Usquiano. Además de Juan, tuvieron otros tres hijos varones: Lope, Diego y Pedro. Gracias al apoyo de un pariente, Diego de Zárate, contador de la Casa de Contratación, no fue difícil para los cuatro hermanos obtener en diferentes años el pase a las Indias.
A los catorce años, Juan Ortiz de Zárate asistió a la fundación de Lima y estuvo presente en el apresamiento de los jefes incas; intervino también en la batalla de las Salinas, en 1538, como partidario de Diego de Almagro.
Juan Ortiz de Zárate sintió también la atracción por la conquista de tierras de los chunchos, por sus presuntas riquezas. La tierra de los chunchos estaba en la región del río Beni, junto con los capitanes Pedro Anzures y Pedro de Candia. Ese anhelo lo llevó hasta la tierra de Tucumán.
Nunca se aclaró cuál fue su verdadera intervención en el asesinato de Francisco Pizarro, porque en el momento del ataque se hallaba en una de las salas de la casa, pero como era también corriente entre los conquistadores el cambio de partidos, en 1542 formó en las filas de Diego de Almagro el Mozo, en la batalla de Chupas; sin embargo, rápidamente volvió a las filas pizarristas a las que había combatido y que eran las que representaban en ese momento la lealtad a la Corona cuando llegó el primer virrey Blasco Núñez de Vela, que venía con el principal propósito de llevar a la práctica las Nuevas Leyes.
En Charcas alzó bandera por el Rey, hecho que le llevó muy cerca de la muerte a que fuera condenado. Pudo librarse en última instancia de la muerte, pero perdió un brazo en un combate. En adelante sería conocido como el manco, y recibió la mitad de una encomienda en Tarija.
Si su señuelo primordial era la fortuna, Juan no sólo alcanzó cuantiosos bienes materiales, sino también prestigio y fama, lo cual lo hacía merecedor de un privilegiado destino dentro de la estructura virreinal.
Había llegado el momento del prestigio de Ortiz de Zárate con el nombramiento de éste a una categoría destacada. Había alcanzado la fortuna, como uno de los objetivos y llegó el momento en que sus aspiraciones fueron plenamente colmadas. No era sólo propietario de la casa más importante de La Plata, sino también de tierras en Tucsupaya con “obraje”, o sea, una fábrica de lana; con una chacra llamada Sequincha y varias “cuadras”, es decir, extensiones de terreno situadas en las tierras de Chuquisaca. Sus bienes se hallaban también en Porco (Potosí), donde tenía tres casas.
Pero seguramente el más rentable de sus bienes eran sus encomiendas de 1000 pesos al año; en Yamparáez y Charcas, aledañas a La Plata y una de indios “tomatas” en Tarija. Todas esas propiedades le permitieron, por ejemplo, dar al virrey de Lima 60.000 pesos de oro. La mina la “Mendieta” fue la parte que Ortiz de Zárate puso en la sociedad que firmó con Francisco Lobato, dueño de la veta San Francisco, de rendimiento equivalente (





sábado, 4 de noviembre de 2023

SEPULCRO DE JOSE CLEMENTE PAZ. La mirada de Mariana Martín y Herrera

SEPULCRO DE JOSE CLEMENTE PAZ. La mirada de Mariana Martín y Herrera

Fotos personales tomadas el 15 de septiembre de 2023
Comparto este material porque considero importante reunir en este grupo la mayor cantidad de miradas y estudios que nos ayuden a comprender con mayor profundidad cada uno de las obras que forman parte del patrimonio del Cementerio de la Recoleta.
RECURSO.
RECOLETA UNA CIUDAD DENTRO DE OTRA CIUDAD Grupo escultórico: Sepulcro de José Clemente Paz
Mariana Martín y Herrera
Universidad del Salvador Carrera Gestión e Historia del Arte Cátedra de Conservación y Expertizaje II Profesor Miguel Crespo
Mail: marianamyh@hotmail.com/ marianamyh@gmail.com
El sepulcro de José Clemente Paz (1842-1912) es uno de los monumentos de un excepcional grupo escultórico realizado por el francés Jules Félix Coutan (1848-1939), sobre el lote Catastral: Sección 8, (Tablón 1, Sepultura: 6 a 10 y frente de la 11), que la familia Paz adquirió en 1890 a perpetuidad.
Jules Felix Coutan, realizó la obra por encargo de la familia Paz, en honor a su hijo fallecido, en 1904, José Jacobo Gainza Paz. Ocho años más tarde, en 1912, el presidente del diario La Prensa, José Clemente Paz fue enterrado en dicha bóveda.
Coutan fue un escultor francés de gran renombre en su época, sus obras se destacan por un detallismo en la expresión y trabajo de los pliegues. Realizó esculturas en bronce y en mármol con una mirada al neoclasicismo y una disposición de las mismas para ser vistas de frente, contenidas entre soportes posteriores, haciéndolas parte de la arquitectura.
La sepultura presenta un volumen cúbico revestido en granito negro, una puerta de bronce sirve de pedestal a dos ángeles de gran tamaño, emplazados de derecha a izquierda de la misma, uno apoyado sobre un ancla y el otro con una corona junto a sus pies.
Otro grupo escultórico de tres figuras recupera el dramatismo: una mujer semi doblegada, casi desfalleciente dejando escapar una lámpara extinguida. De forma ascendente, en la misma línea, vemos una urna con una tapa semi abierta llamada sarcófago, de allí una figura femenina que representa al alma humana, que se dirige hacia un ángel con sus alas desplegadas y señalando con su dedo índice el infinito, la eternidad.
Toda la obra, fue realizada en mármol blanco, con minucioso detalle y gran dinamismo. En términos del análisis de H. Read referido al ritmo de la lectura en el desarrollo del lenguaje espacial podemos decir que el grupo escultórico: “fue concebido como un objeto para ser visto siempre frontalmente” (Read, 1994:76)
El grupo escultórico de lenguaje neoclásico y monumental se realizó dentro del sitio funerario intramuros del Cementerio de la Recoleta. Confirmando el concepto de lógica conmemorativa de la escultura según Rosalind Krauss: “…una escultura es una representación conmemorativa. Se asienta en un lugar concreto y habla en una lengua simbólica acerca del significado o uso de ese lugar.” Un espacio de forma piramidal que contiene en su base las imágenes más planas y en su vértice los objetos manteniendo sus propiedades físicas, es decir, “sin deformaciones proyectivas, donde las paralelas por ejemplo continúan siéndolo aun en el infinito” (Crespi-Ferraro, 1995:39)
El Sepulcro de la familia Paz es una pieza escultórica que puede ser contemplada como “monumento, no amuleto” (Read, 1994:76), siendo apreciada para lo que fue concebida originalmente.
Una vez satisfecho de recorrerla con la vista frontal prioritaria, rotará hacia los lados, subiendo y bajando, empujando hacia atrás, por los costados de dicha figura. Inquiriendo con la mirada un nuevo recorrido, para concluir la lectura de los símbolos que se asocian al sitio, “buscando aspectos simbólicos que hacen al carácter propio y específico del lugar”.(Read, 1994:76)
¿Qué factores del entorno modificaron la lectura frontal de la obra?
Desarrollo Cada cementerio se configura como una ciudad dentro de la ciudad donde “habitan los vivos” (Arnaiz Gomez, 2009:.227). Teniendo en cuenta su contexto de Arquitectura, el trazado y Escultura, el cementerio Recoleta es uno de los sitios en la ciudad de Buenos Aires, una ciudad dentro de otra ciudad.
Partiendo del entorno del espacio, se observa el cementerio-ciudad con el trazado, ubicación de las bóvedas y sus obras escultóricas encargadas por las familias propietarias “que representa y evoca para los vivos la memoria del que ya no está” (Arnaiz Gomez, 2009:.227). El paisaje cementerial muestra su quietud en orden al trazado de calles ortogonales entre sí, dejando parcelas regulares en los espacios generando calles, avenidas y diagonales. Existe una amplia rotonda central de allí parten las avenidas principales, con una escultura de Cristo realizada por el escultor Pedro Zonza Briano, (1914), donde configura una gran cruz, punto local de referencia que ratifica el sentido sagrado del lugar.
El sepulcro de José C. Paz se configura con la tipología de un monumento conmemorativo que además de la evocación de la memoria del difunto, supone una lección de virtud para los visitantes. Como nos confirma Jauss: “… involucrar al propio observador en la constitución del objeto estético”, hace que a partir de ahora, “el receptor se convierte en co-creador de la obra” y así, “el arte libera a la recepción estética de su pasividad contemplativa.”(Jauss,1986:108). Al observar la obra en el tiempo presente, reconocemos una nueva lectura, nos hacemos conscientes de la misma, “como instante de esta irrupción de la obra de arte en la conciencia”.( Brandi, Cap.4, 2003:429)
El espacio cementerial tiene desde el principio como los ensanches, elementos significativos y referenciales, que densifican la vivencia del lugar. El cementerio guarda una relación práctica de identificación con la misma ciudad: la ordenación espacial en cuadrículas, de la que resultan manzanas edificadas en el terreno de la Recoleta, un diseño geométrico con calles, avenidas y diagonales. Las murallas lo contienen, definen y protegen como recinto sagrado: “Espacialmente se manifiesta desde su interior, y separa con sus muros la ciudad de los muertos, avisando a los vivos que están en otro lugar”(Arnaiz Gomez, 2009:248).
Como espectadores, quizás no hemos tomado el suficiente grado de conciencia (o no poseemos los datos) que permiten distinguir los mecanismos de sustitución, mediante los cuales la cultura del simulacro o “arte de la simulación” (Baudrillard, 2006:25) nos ofrece la gradual transformación del cementerio en un simple espectáculo, donde ya no importa la representación de la muerte, sino representar sólo su propia imagen.
Hasta el siglo XIX los cementerios eran parte activa en las ciudades, lugares de encuentro como era una plaza, una calle o un mercado público. Era la otra ciudad donde habitaron, pensaron, caminaron e imaginaron nuestros antepasados y recorrerlo era, de alguna manera, reconstruir la historia de la ciudad, las costumbres, las familias, las aspiraciones comunes y los ritos.
Observando el grupo escultórico de José C. Paz, me cuestiono, si Jules Coutan conoció el espacio cementerial elegido por la familia Paz donde fue ubicado el sepulcro en honor a su hijo fallecido. Para Brandi el lugar: “… constituye para la obra de arte la fuente de una infinidad de problemas, relativos no a su espacialidad- que se define de una vez por todas-sino precisamente al punto de
La construcción del grupo escultórico realizado por Coutan en 1904 para el cementerio de la Recoleta, nos permite ubicarla en un “sitio-ambiente”(Brandi, 2013:72), resinificado con el paso del tiempo desde sus ochenta y dos años en que se ubicó la bóveda, y el trazado actual de las calles donde se hallan las sepulturas del General Ricchieri y del Gobernador Martín Rodríguez . Un “sitioambiente” en el que las sepulturas levantadas en el cementerio ofrecen una hegemonía de la arquitectura sobre la escultura, siendo esta misma utilizada en la decoración arquitectónica. “No obstante el problema tiene dos caras diferentes, según se contemple desde el punto de vista del monumento o bien del ambiente en que el monumento se encuentra, que, además de estar indisolublemente ligado al propio monumento desde el punto de vista espacial, puede constituir un monumento a su vez, del que el edificio en cuestión representa un elemento.”(Brandi, 2013:78).
Analizando el párrafo de Brandi, encontramos que el monumento no puede ser contemplado en su totalidad, debido a que el cementerio fue diseñado con calles angostas, junto a las avenidas y diagonales más anchas donde las rotondas con monumentos importantes hacen de eje en los distintos circuitos. Recorriendo sus calles podemos descubrir que el paso del tiempo dejó al descubierto la importancia del patrimonio artístico muchos casos ignorados y olvidados.
file:///C:/Users/MyPc/Downloads/Grupo_escultorico_Sepulcro_de_Jose_Cleme.pdf 








sábado, 11 de junio de 2022

MIGUEL JURADO - OLALLA J. DE JURADO.

MIGUEL JURADO - OLALLA J. DE JURADO. Nunca más el olvido.

Fotos personales tomadas el 23 de abril de 2022
Quisiera que frente a estas imágenes nos concentraramos en los sentimientos que ellas evocan en nuestras mentes y corazones. Nuestra mirada tiene que transformarse en homenaje, memoria y cariño. Sin pasión la Recoleta puede transformarse en un dolor. Al leer estas lápidas de una pareja que muere muy joven me siento conmovido e intepelado. En ellas podemos leer: "MIGUEL JURADO. Murió el 13 de septiembre de 1869 de 28 años de edad. D.E.P." y la que está debajo dice: "OLALLA J. DE JURADO. Murió el 25 de abril de 1871 a los 23 años de edad. R.Y.P." Me encanta la forma que que construyen las abreviaturas. A pesar del tiempo transcurrido y de todos los olvidos hay un grupo de personas que valoran cada uno de los monumentos funerarios y que se resiste a que caigan en las sombras del no recuerdo.