Mostrando entradas con la etiqueta MILITAR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MILITAR. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de febrero de 2024

JOSÉ ILDEFONSO ÁLVAREZ DE ARENALES. Panteón de los Ciudadanos Meritorios.

JOSÉ ILDEFONSO ÁLVAREZ DE ARENALES. Panteón de los Ciudadanos Meritorios.

Fotos personales tomadas el 24 de enero de 2022.
A medida que uno recorre la Recoleta comienza a ver muchas cosas que en previas visitas habían pasado desapercibidas. Es como una forma de educar la mirada para que pueda descubrir esas maravillas pequeñas o humildes pero siempre valiosas. Fijarse que el nombre ILDEFONSO en aquellos tiempos se escribía con Y.
RECURSO.
José Ildefonso Álvarez de Arenales (n. Cochabamba, Alto Perú, 1798 – † Buenos Aires, 1862) fue un ingeniero, militar y político argentino de origen altoperuano, que participó en la campaña de independencia del Perú, en la Campaña de Rosas al Desierto y en algunas de las guerras civiles argentinas.
Biografía
Hijo del después general Juan Antonio Álvarez de Arenales, se educó en la ciudad de Salta, educación que completó en la escuela militar de matemáticas de Buenos Aires.
A fines de 1819 se incorporó al Ejército de los Andes en Chile y participó en la expedición auxiliadora al Perú, como ayudante de órdenes del general José de San Martín. Como oficial de artillería de la división al mando de su padre participó en la primera campaña a la Sierra del Perú bajo el mando de su padre – en la que tomó parte en la Batalla de Pasco – así como en la segunda campaña de la Sierra.
Regresó a Salta con su padre en 1823, y participó con él en la campaña al Alto Perú del año 1825.
Fue diputado al Congreso General de 1824 reunido en la capital y participó en la sanción de la Constitución Argentina de 1826. Ese mismo año pasó al ejército de la Banda Oriental, para participar en la Guerra del Brasil, pero poco después fue nombrado comandante militar del Puerto de Ensenada. Prestó auxilios al almirante Guillermo Brown durante el Combate de Monte Santiago.
En 1828 rehusó apoyar la revolución de Juan Lavalle contra el gobernador Manuel Dorrego, lo que le valió la estima de los federales; cuando éstos regresaron al gobierno bajo la dirección de Juan Manuel de Rosas, fue ascendido al grado de teniente coronel.
En 1832 escribió una reseña llamada Segunda Campaña a la Sierra del Perú en 1821, que resultó un testimonio histórico valioso para conocer los detalles de esa campaña casi desconocida de la guerra de la independencia, refutando las opiniones del general William Millar, que culpaba del fracaso en la misma al general Arenales.
En 1833 participó en la Campaña de Rosas al Desierto, durante la cual levantó muchos planos topográficos e hidrográficos. Fue jefe del departamento topográfico de la provincia de Buenos Aires entre 1834 y 1852. Participó en la campaña de 1837 contra el presidente de la Confederación Perú-Boliviana, Andrés de Santa Cruz, a órdenes del general Alejandro Heredia. Tras la muerte de este regresó a Buenos Aires. Fue uno de los responsables de levantar el importante campamento militar de Santos Lugares y llegó al grado de coronel.
Confeccionó un mapa general del ex virreinato del Río de la Plata y otro, más detallado, del Alto Perú. Publicó unas Noticias históricas y descriptivas sobre el Chaco y Bermejo con observaciones relativas a un plan de colonización, y también un Diccionario Geográfico de Chile, Perú y el Río de la Plata, que nunca fue publicado.
Cuando se produjo la Batalla de Caseros formó parte de los cuerpos de inválidos, que guarnecieron la capital, ya que había perdido por completo el oído. Fue dado de baja del ejército porteño, pero reincorporado a fines de ese año, por haber apoyado la revolución del 11 de septiembre de 1852. Participó en la defensa de la ciudad durante el Sitio de Buenos Aires. Poco después de la finalización del Sitio fue propuesto para el ascenso al grado de general, pero rechazó el ascenso en términos firmes.
Falleció en la ciudad de Buenos Aires en 1862. Sus restos descansan en el Panteón de los Ciudadanos Meritorios del Cementerio de la Recoleta.





miércoles, 14 de febrero de 2024

GENERAL TOMÁS GUIDO. Las piedras de la Cordillera de los Andes

GENERAL TOMÁS GUIDO. Las piedras de la Cordillera de los Andes.

Fotos tomadas el 2 de agosto de 2019 y el 14 de febrero de 2024
Es este monumento funerario una verdadera rareza ya que rompe con cualquier otro estilo arquitèctónico conocido. El hijo de este miliar, el poeta CARLOS GUIDO SPANO la construye personalmente con piedras traìda de la Cordillera de los Andes donde su padre ubiera querido ser sepultado. Al no poder cumplir con ese deseo esta bóveda cumple a medias su voluntad. El nombre completoe de esta personalidad es TOMÁS FRANCISCO GIL BUENAVENTURA DL ROSARIO GUIDO AOIZ. Nació el 11 de septiembre de 1788 y falleció el 14 de septiembre de 1866.
RECURSO.
Guido, Tomás. Buenos Aires (Argentina), 1.XI.1788 – 14.IX.1866. General independentista, ministro, orador y patriota argentino.
Era hijo del comerciante español peninsular don Pedro Guido y Sanz y de doña Juana Aoiz y Martínez. Debió abandonar sus estudios en el Real Colegio San Carlos debido a problemas económicos.
Durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 participó en la defensa, sirviendo en el Regimiento de Miñones, como soldado distinguido. Adherido a la Revolución de Mayo (1810), asistió a las asambleas de los revolucionarios. Fue oficial de la Secretaría de Gobierno y acompañó como secretario a Mariano Moreno (1778-1811) en 1811 en su viaje a Inglaterra, en el que éste murió, tocándole arrojar su cadáver al mar, el 4 de marzo de ese año. Vuelto al año siguiente, se relacionó estrechamente con San Martín y se afilió a la Logia Lautaro. Después fue secretario de la Presidencia de Charcas a las órdenes del general Ocampo (1813), desde cuyo puesto entró en comunicación con el general Belgrano con el objetivo de rehabilitar el ejército; pero derrotado nuevamente pasó a Tucumán, donde colaboró con San Martín en el terreno político y diplomático (1913).
Fue destinado a Córdoba, donde desempeñó la secretaría de gobierno, y en 1814, vuelto a Buenos Aires, fue oficial mayor del Ministerio de la Guerra (1815). Por encargo de Antonio González Balcarce preparó el plan de invasión de Chile (1816) y señaló la travesía de la cordillera por los pasos de Uspallata y Los Patos.
El 20 de mayo de 1816, Guido (que no era militar) presentó al director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, González Balcarce, su célebre Memoria, basada en las conversaciones sostenidas con San Martín en Saldán (Córdoba), durante la convalecencia del general. En ellas expuso con detalle los aspectos económicos, militares y políticos del plan continental que consistía en abrir un frente occidental cruzando la cordillera de los Andes con una fuerza de 4000 hombres para liberar de los realistas, en primer término, a Chile y posteriormente continuar por mar a las costas del virreinato del Perú, centro del poder español en América del Sur. Esta estrategia variaba el primitivo plan de insistir con la campaña del Alto Perú. Entre otras cosas sostenía que una victoria en Chile bastaría para alentar el espíritu de los pueblos y desalentaría al ejército realista que atacaba desde el norte comandado por Joaquín de la Pezuela. Balcarce apoyó la idea con entusiasmo y la cursó al director elegido por el Congreso de Tucumán, Juan Martín de Pueyrredón. Éste, escarmentado por las malas experiencias en el Alto Perú, aprobó la Memoria el 24 de junio y dio las instrucciones pertinentes apoyando de inmediato la campaña libertadora a Chile, disponiendo una entrevista con San Martín destinada a crear el Ejército de los Andes y ultimar los detalles de esta nueva expedición militar revolucionaria.
Apenas restaurado Chile, el entonces teniente coronel Guido, en abril de 1817, fue nombrado primer ayudante de campo del general San Martín y agente del gobierno argentino en Chile, donde volvió a colaborar con San Martín en la preparación del plan de invasión del Perú, aconsejándole que no atendiera las órdenes del director José Rondeau (1773-1844) de llevar el ejército al Plata.
Poco después se casa en Santiago de Chile con María del Pilar Spano Ceballos, hija del coronel Carlos Spano, también guerrero de la independencia hispanoamericana. El matrimonio tuvo cinco hijos, entre los cuales destaca el notable poeta Carlos Guido (1827-1916).
Efectuada la expedición en 1820, tomó parte en las negociaciones de Miraflores con el virrey Joaquín de la Pezuela (1761-1830). Le envió San Martín a Guayaquil, cuando ésta se sublevó contra España, y vuelto al Perú, participó en las entrevistas de Punchauca con el nuevo virrey José de la Serna (1770-1832) en 1821.
Asistió al primero y segundo sitio del Callao, y en septiembre de 1821 estipuló la capitulación de esta fortaleza, de la que enseguida fue nombrado gobernador.
Después de la entrevista de Guayaquil (1822), quiso disuadir a San Martín de su renuncia. Ascendido a coronel mayor, formó a continuación parte de la Junta que gobernó el Perú a la retirada de San Martín, en calidad de consejero de Estado, ministro de los departamentos de guerra y marina, y, sucesivamente, general de brigada, benemérito de la Orden del Son y jefe militar y político de Lima. Dimitió al subir José de la Riva-Aguero (1783-1858) a la presidencia del Perú en 1823.
Cuando Bolívar intervino en el Perú, el general Heres quiso expulsar a Guido, pero logró que se revocara la orden, laborando, además de con Bolívar, con los generales Sucre y José de la Mar (1778-1830) en la obra de la emancipación sudamericana. Volvió a Chile en 1826 y luego a la Argentina, donde aún tuvo una larga actuación política. Por su experiencia diplomática Manuel Dorrego (1787-1828) le comisionó en 1828, con Juan Ramón Balcarce, para las negociaciones de paz con el Brasil sobre el Uruguay. Medió luego entre Lavalle y Rosas y se adhirió a éste (ministro de Guerra), siendo designado en 1830 ministro plenipotenciario en Río de Janeiro.
En 1833 fue ministro de la Guerra con Viamonte.
Se opuso a la concesión de la “Suma del Poder Público” a Rosas, permaneciendo algún tiempo al margen.
Desde 1840 hasta 1851 permaneció como ministro argentino en el Brasil. En 1843, como ministro en ese país, procuró que se mantuviera neutral en la cuestión del Uruguay, y de nuevo ejerció ese cargo a la caída de Rosas, de cuyo régimen no era muy partidario y estuvo desterrado en Montevideo.
El general Urquiza lo llamó de nuevo y fue enviado al Paraguay para evitar la cesión del Chaco que pretendía el dictador Carlos Antonio López. Figuró en el senado de la Confederación, como vicepresidente, distinguiéndose como orador. Tomó parte en el tratado de San José de Flores (1859), que reintegró a Buenos Aires, separado de la Confederación. Después de la batalla de Pavón, Mitre le reintegró en el grado de general.
El guerrero Guido, historiador de cierto relieve, es una de las figuras que más descuellan entre las personalidades argentinas, por su papel en el Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en la organización del Ejército de los Andes y en las posteriores campañas libertadoras de Chile y Perú, y como embajador en Brasil y Paraguay. Como orador, dejó sentada su fama en el discurso que pronunció en Montevideo cuando pasaron por allí los restos del general Alvear: fue una pieza de la más perfecta oratoria.
Obras de ~: Vindicación histórica. Papeles del brigadier general Guido, 1817-1820, Buenos Aires, Imprenta y Librería de Mayo, 1882; San Martín y la gran epopeya, Buenos Aires, El Ateneo, 1928; Epístolas y discursos, Buenos Aires, A. Estrada, 1944; San Martín confidencial: correspondencia personal del libertador con su amigo Tomás Guido, Buenos Aires, Planeta Argentina, 2000.
Bibl.: R. Guido Lavalle, El general don Tomás Guido y el paso de los Andes, La Plata, Joaquín Sesé, 1917; C. de Saavedra, Los sucesos de mayo, contados por sus actores, Buenos Aires, El Ateneo, 1928; R. Levene, Las ideas políticas y sociales de Mariano Moreno, Buenos Aires, 1948; B. Mitre, Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, Buenos Aires, 1950, 3 vols.; Historia de Belgrano y de la independencia argentina, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1967-1968, 4 vols.; G. Bleiberg (dir.), Diccionario de Historia de España, Madrid, Alianza Editorial, 1981.
Antonio Astorgano Abajo






sábado, 10 de febrero de 2024

EPITACIO DEL CAMPO. La Revoluciòn de 1880. El ùltimo acto de las guerras civiles.

EPITACIO DEL CAMPO. La Revoluciòn de 1880. El ùltimo acto de las guerras civiles.

Foto personal tomada el 30 de enero de 2024
Este monumento funerario en un estilo neo clásico muy estilizado continene los restos de uno de los muchos protagonistas de aquello que se considera el ùltimo acto de las guerras civiles argentinas. Los pocos datos que sobre esta personalidad he encontrado se limitan a relacionarlo con el conflicto por la federalización de la ciudad de Buenos Aires. JOSE EPITACION SABINO DEL CAMPO MOLINA, nació el 8 de octubre de 1838 y falleciò el 13 de noviembre de 1917. En el frente de esta bòveda vemos una placa conmemorativa dedicada al Profesor ÁNGEL M. CENTENO.
RECURSO.
REVOLUCIÒN DE 1880. Cuando la Provincia de Buenos Aires invadió la ciudad.
La federalización de Buenos Aires no fue un proceso pacífico: en las calles porteñas hubo enfrentamientos, con un saldo de 3000 muertos.
24 de mayo de 202116:22
Lic. Bruno Ivan Correia
LA NACION
Cuando uno camina por las calles de Buenos Aires cuesta imaginar sus empedrados levantados para hacer lugar a trincheras. Cuesta visualizar hombres armados marchando con cañones listos para defender la ciudad. Es casi imposible construir una imagen de Parque Patricios cubierto de muertos y heridos por una gran batalla.
A diferencia de las ciudades de Europa, escenarios de grandes guerras, estamos acostumbrados a una Buenos Aires pacífica.
Sin embargo, hace poco más de 130 años, la ciudad fue testigo de todas esas imágenes. En 1880 se dio aquí el último acto de las guerras civiles de Argentina. ¿La causa? La misma que azotó a nuestro país desde el inicio de su historia: el control sobre el puerto, la ciudad de Buenos Aires y las autonomías provinciales.
El último acto de un largo conflicto
El 2 de junio de 1880, un solitario barco se lanzaba a toda velocidad por las aguas del Riachuelo perseguido por otras dos embarcaciones. Su cargamento: fusiles. El destinatario: la Provincia de Buenos Aires.
El Gobierno Nacional había embargado un cargamento similar en la aduana y, esta vez, la provincia había decidido burlar el cerco y asegurarse las armas a como diera lugar.
Carlos Tejedor, gobernador de la provincia, sabía perfectamente que este incidente podía prender la mecha que haría saltar todo por los aires: las tensiones se venían acumulando desde hacía años.
En 1874, Nicolás Avellaneda triunfaba en las elecciones presidenciales. Era sabido que él estaba en contra de las demandas de autonomía de la provincia de Buenos Aires.
Bartolomé Mitre, el candidato derrotado, intentó torcer el curso de la historia alzándose en armas, en lo que fue conocido como la Revolución de 1874.
Avellaneda logró derrotar a los sublevados y aseguró su presidencia, pero el asunto de la autonomía quedó sin resolver, a la espera del próximo chispazo.
Durante los siguientes seis años la tensión continuó creciendo silenciosamente.
En 1879, comenzó el último acto de este duelo. El general Julio Argentino Roca presentó su candidatura a presidente. Para oponérsele, los autonomistas de la provincia proclamaron como candidato al gobernador Carlos Tejedor.
El 11 de abril de 1880, las elecciones dieron como ganador a Roca. Ahora solo quedaba que el Colegio Electoral ratificara los resultados el 12 de junio, fecha en la que los autonomistas perderían toda chance.
Se desata la revolución
La noche del primero de junio de 1880, los habitantes de Buenos Aires vieron desfilar por las calles regimientos nacionales y provinciales rumbo a Barracas. Todos sabían que algo estaba pasando y que en cualquier momento podrían sonar los primeros disparos.
En las inmediaciones del Riachuelo, las tropas de cada uno de los gobiernos esperaban silenciosamente. Se había corrido el rumor de que el gobierno de Tejedor planeaba introducir a la ciudad un cargamento de fusiles. Era la respuesta al embargo del Gobierno Nacional que había frenado en la aduana las compras anteriores.
La noche pasó sin sobresaltos, el carguero no apareció, y durante las primeras horas del día, los regimientos nacionales se retiraron. Sin embargo, media hora más tarde el cargamento llegó perseguido por un par de barcos que intentaban detenerlo. El Coronel Arias, al mando de las tropas provinciales, amenazó con abrir fuego si intentaban detener la descarga. Sus órdenes eran defender el cargamento a cualquier costo.
Tejedor venía denunciando al Gobierno Nacional, acusándolo de buscar desarmar y debilitar a Buenos Aires mientras permitía la compra de armas a sus aliados.
El Matadero Municipal se encontraba en el Parque Patricios. La zona fue defendida por las tropas Provinciales el día 21 hasta que fueron expulsados.
Detrás de toda esta retórica se ocultaba una reedición de la revolución del 74. Todo indicaba que la victoria de Roca sería total (era apoyado por el gobierno de Avellaneda, el ejército y la mayoría de las provincias) y solo la revolución armada podía obligarlo a renunciar a su candidatura.
A partir de ese momento, los eventos se aceleraron. El día 2, Tejedor se dirigió a la Legislatura Provincial para explicar la situación y declarar que su provincia sólo estaba resistiendo las agresiones del gobierno de Avellaneda.
Estaba claro que con cada hora crecía el riesgo de que estallara un conflicto. En Buenos Aires, la Guardia Provincial, policía, bomberos y reclutas voluntarios se acuartelaron. Pasaron la noche en vilo: sabían que estaban haciendo historia.
El Gobierno Nacional reacciona
Mientras Tejedor dirigía su mensaje a la legislatura Provincial, el gobierno de Nicolás Avellaneda tomaba acción, decidido a no perder la iniciativa. Esa misma noche las tropas del ejército abandonaron Buenos Aires rumbo a la Chacarita, mientras que miembros del gobierno salían hacía el pueblo de Belgrano, que fue declarado capital unos días más tarde.
Avellaneda dirigió un mensaje al pueblo denunciando que las acciones de Tejedor (contrabando de armas, acuartelamiento de tropas militares y civiles, y atrincherarse en Buenos Aires) lo ponían en estado de rebelión. Aunque ambos bandos continuaban abogando por una solución pacífica, las palabras del Presidente solo auguraban dos posibles desenlaces: rendición incondicional o conquista por las armas.
Desde entonces, ambas partes se lanzaron a una contienda verbal mientras sus fuerzas se preparaban. En Buenos Aires comenzaron los trabajos de fortificación: se acuarteló permanentemente a las tropas, se ocupó el Parque de Artillería (donde hoy está Tribunales), se alistaron fusiles y cañones y se llamó a los habitantes del interior de la provincia para que marcharan hacia la ciudad.
El Gobierno Nacional, sabiendo que cada día sumaba fuerzas a su favor, adoptó una posición de espera, mientras los trenes traían tropas de las provincias aliadas. Su base militar estaba en Chacarita, la política en Belgrano. La flota, leal al Gobierno Nacional, alistó un bloqueo cortando el acceso marítimo a la ciudad.
Los combates
Siguieron días de tensión. Los diarios justificaban cada uno al bando al que respondían, mientras que atacaban al otro con andanadas verbales. Mientras tanto, Roca aparecía como la figura clave. Los insurrectos pedían que renunciara a su candidatura para terminar con la contienda. Este, observando los hechos desde Rosario, amagó un par de veces con ceder a las demandas, pero todo hace pensar que estaba ganando tiempo, la ventaja de su posición era demasiado grande para ceder.
El 12 de junio se reunió el Colegio Electoral para ratificar la victoria de Roca. El cuerpo lo eligió Presidente de la República en todas las provincias, excepto en Buenos Aires, a donde se declaró ganador a Tejedor.
Sin la renuncia de Roca, ya no había vuelta atrás. Los rebeldes no habían sido reconocidos por ninguna potencia extranjera y habían perdido el apoyo de sus simpatizantes en las provincias. Buenos Aires estaba aislada.
A partir del 12 empezaron a registrarse pequeñas escaramuzas en las afueras de la ciudad. Cuesta imaginarlo, pero alguna vez los tranquilos barrios de Flores, Caballito y Almagro se llenaron del sonido de fusiles, gritos de heridos y cargas de caballería.
El 16 de junio se registró el primer enfrentamiento de grandes proporciones en el interior. Ese día chocaron, en las cercanías de Luján, las tropas nacionales con las del coronel José Inocencio Arias, que venían marchando desde los pueblos bonaerenses.
El coronel Eduardo Racedo intentó detener el avance y, aunque logró dispersar y capturar a algunos rebeldes, no logró evitar que la mayoría entrara en Buenos Aires.
Finalmente, el 20 de junio comenzó la ofensiva sobre la ciudad. El coronel Nicolás Levalle avanzó hacia Barracas desde el sur. Sus fuerzas capturaron el puente Barracas (hoy Pueyrredón) y el paso ferroviario, usando un tren del Ferrocarril del Sud para cruzar el Riachuelo.
El avance nacional fue exitoso, pero los defensores recibieron refuerzos y algunos cañones. Con esta nueva ventaja lograron hacer retroceder a Levalle y lo persiguieron hasta la estación Lanús, donde fueron detenidos y obligados a volver sobre sus pasos.
El frente quedó tranquilo el resto del día, pero estallaría nuevamente el día 21.
El general Racedo, al tomar nota del fracaso del ataque frontal de Levalle, intentó usar la sorpresa. Su objetivo estaba unos kilómetros río arriba: el Puente Alsina. A las 4 de la mañana, en plena noche y en silencio, las tropas nacionales comenzaron su avance paralelo al Riachuelo.
Cuando llegaron los primeros rayos del sol fueron descubiertos por las tropas provinciales que, aunque defendieron tenazmente el puente, se vieron obligados a retroceder hacia los “Corrales Viejos”, que es como se conocía, por ese entonces, el actual Parque Patricios.
Los soldados de Racedo avanzaban en persecución sin saber que las fuerzas provinciales lo esperaban. Los terrenos donde estaban los corrales tenía una cierta elevación que los convertían en un perfecto mirador. Allí, el coronel Hilario Nicandro Lagos, aguardaba con varios cañones alemanes Krupp. Al aparecer las tropas nacionales, Lagos abrió fuego y causó enormes bajas en los atacantes.
Tres veces intentaron derribar la posición y tres veces fueron repelidos.
Solo cuando Levalle llegó al campo con su propia artillería los nacionales lograron avanzar, empujando a los defensores hasta unos galpones que estaban en la esquina de la Avenida Caseros y La Rioja.
El combate había sido agotador, y cuando Lagos recibió la orden de retirarse hacia la Plaza Miserere, logró hacerlo sin que nadie lo persiguiera.
La victoria nacional no había sido total, pero había logrado cercar la ciudad y empujar a los defensores hacia las zonas habitadas. Se calcula que, en total, los tres combates dejaron un saldo de tres mil muertos, muchos de los cuales fueron enterrados en el Cementerio del Sur, hoy Parque Florentino Ameghino.
La revolución está perdida
Para el final del día 21 quedaba claro que la causa autonomista estaba perdida. Unos días más tarde el Gobierno Nacional declaró que Buenos Aires se encontraba sitiada y Tejedor nombró a Bartolomé Mitre como jefe de la defensa de la ciudad. Una vez nombrado, Mitre comenzó las tratativas para terminar con el levantamiento.
El día 30, el gobernador Carlos Tejedor presentó su renuncia. Avellaneda intervino la provincia y disolvió a todas las milicias provinciales de Buenos Aires.
El 21 de septiembre de ese año se declaró a Buenos Aires como capital de la Nación y pocas semanas más tarde el general Julio Argentino Roca asumió la presidencia del país. Así terminaba el último capítulo de la Argentina sumergida en la guerra civil. Comenzaba la construcción del proyecto, que la historia llamaría, la Generación del 80.